Una de las razones del
éxito de las redes sociales online es que hacen posible el ejercicio de la
libertad de los seres humanos a niveles nunca antes vividos, salvo en los
primeros tiempos de las comunidades originarias. Sin embargo, la propia
dinámica de la interacción a menudo pone a prueba el sistema nodal global y en
ocasiones lo resiente. Todo ello como consecuencia de las conductas en la red
que no se corresponden con la democracia, el buen vivir, con la convivencia
pacífica y civilizada. Esas conductas reprochables y mezquinas que van a
contramano de la realidad 2.0 que a diario se construye en comunidades
globales, diversas y plurales, pero homogéneas en el propósito de compartir.
No dudamos de la
eficacia de un control basado en la Ley, pero apostamos en primer término por
un sistema de autocontrol basado en la ética. Un sistema así consagrado tiene
su soporte en la moral, no tiene fuerza coactiva ninguna porque pertenece
siempre al reino de la libertad. Es apostar al individuo oficiante de las redes
sociales online, y al cuidado de sí mismo y por ende del entorno como respuesta
social. Para eso, propone Savater, hay tres posturas de vida, las cuales
-decimos nosotros- son aplicables perfectamente al entorno digital, y
particularmente al de las redes sociales online.
Erradicando el miedo, los temores
ante el otro, la zancadilla, el descrédito, lo cual suele verse en los tal,
muros, o bordas de las redes sociales online donde se prioriza por la
descalificación personal del otro en vez de optar por el disenso basado en la
confrontación de las ideas. No pretendemos unas redes sociales exentas de
disenso y confrontación. Sin embargo, aspiramos sí, por encima de todas las
cosas, un entorno de redes en el que los mecanismos de autorregulación sean
cada vez más habituales y efectivos. Mecanismos basados premordialmente en la
ética, no en la ley. Pues, concluyendo con Savater, la ética no es sino una
estrategia para autoafirmar nuestra vida en cuanto humana, es decir,
comunitaria y libre.
